Tecnología - medios - música, cosas que veo por ahí que llaman mi atención y todo lo demás también...
Este es uno de esos libros de los cuales, antes de empezar siquiera a leerlo, uno ya sabe de qué va. La polémica se había instalado ya en 2008 cuando Carr escribió para The Atlantic ¿Google nos está volviendo estúpidos?
El temor central de Carr es que Internet nos vuelva bárbaros, un temor que describió con precisión Alessandro Baricco. Y por bárbaros, se refiere a la erosión de atributos provenientes de la cultura del libro: la profundidad, la secuencialidad y la abstracción y contemplación a la distancia de un objeto x. Si bien sus argumentos son los previsibles (como previsibles son los contra-argumentos de quienes lo critican), su descripción es acertada: un nuevo medio que propone inevitablemente una forma de relación, de uso y de apropiación más allá de los contenidos que esté transmitiendo (un medio, diría McLuhan) y que en cierta forma torna banal los matices sobre el buen o mal uso. Y esa forma de relación que propone el hipertexto de la world wide web es muy diferente de la que propone el objeto libro. En ese sentido, al igual que Simone hace un tiempo, Carr prefiere focalizar en las formas de saber que estamos perdiendo en lugar de en las formas de saber que estamos perdiendo, recuperando y ganando. El libro tiene una primera parte sólida, describiendo los impactos tecnológicos en diferentes momentos de la historia y una segunda parte más endeble, personal y polémica, en la que Carr, casi sin matices, y apoyándose en algunos desarrollos de las neurociencias que sostienen que nuestras neuronas tienen la capacidad de reprogramarse, da rienda suelta a su crítica a la superficialidad que estarían promoviendo las nuevas herramientas de comunicación en red.
No sorprende que este libro haya servido de fuente de inspiración para aquellos que dan rienda suelta a su tecnofobia, en especial contra Internet, con críticas ramplonas como la de Varga Llosa con “Más información, menos conocimiento” (que, a su vez, generaron respuestas casi inmediatas como esta: “Internet no debilita la memoria”). Para los amantes de temáticas relacionadas con el conocimiento y la tecnología, independientemente de su postura, es un libro para no perderse.
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